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Un remezón para la industria del vino

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Es probable que la palabra “reconstrucción” sea una de las más utilizadas durante los últimos meses. Y es que el terremoto del 27 de febrero azotó con tal fuerza el centro-sur de Chile que no dejó a nadie indiferente; todos los chilenos, de una u otra forma, sintieron las consecuencias del remezón de 8.8 grados.

La industria vitivinícola no fue la excepción. Con pérdidas estimadas en 125 millones de litros y  US$ 250 millones – según informó Vinos de Chile-, fue una de las más perjudicadas dentro de la industria. No sólo en términos monetarios, sino en daños en la infraestructura, lo que hacia temer una notoria disminución en la capacidad de las bodegas para la vendimia de este año. Afortunadamente, si bien la industria funcionó a media máquina durante marzo, las viñas lograron recuperarse rápidamente y volver a sus actividades regulares durante abril.

Según Francisco Ascui, Director de Exportaciones para el Reino Unido de Viña Cono Sur, esta rápida recuperación se debe, en gran parte, a la solidaridad y comprensión de parte de los clientes: “Fueron cientos los mails que recibimos de parte de distribuidores y compradores de todo el mundo, haciéndonos saber su preocupación y entregándonos mensajes de aliento. En términos concretos, también se mostraron comprensivos con los posibles atrasos en ciertos despachos –cosa que hoy tenemos 100% solucionada-, y aumentó la demanda de nuestros vinos y, además, mejoró el mix de ventas”, afirma.

Pese a las complicaciones previas, la vendimia de este año partió con normalidad y, si bien se estima será menos productiva en términos de litros que la del año pasado, no se registrará una falta en el stock. Además, la vendimia 2009 permitió cubrir parte de las pérdidas que ocurrieron con el sismo. Según Ascui, “es muy probable que, en los próximos meses, las ventas sigan en aumento, en vista de que esta catástrofe ha sensibilizado al mundo y Chile ha tomado aún más importancia”, agrega.

A juicio de los grandes empresarios del vino, este terremoto sirvió para aprender. Vivimos en un país sísmico y, al igual que los edificios y obras públicas, es necesario construir las bodegas y plantas vinificadoras con arquitectura antisísimica, que sea capaz de resistir un nuevo movimiento de tales proporciones.

 

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